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Nutrición es clave para la educación

  • 23 jul 2015
  • 3 Min. de lectura

Más del 40% de niños sufre desnutrición y se ve reflejado en su rendimiento académico

Manuel, un niño guatemalteco de 10 años, está por perder tercero primaria. A penas pudo ganar las clases de los dos primeros años de primaria y su mamá María no sabe qué hacer para ayudarlo. Siempre le han costado los estudios, pero no se explica cómo, si su hijo se esfuerza para estudiar, no logra un buen rendimiento.

En Guatemala existe un déficit en la educación, el cual está ligado estrechamente con la calidad de la nutrición infantil. Según estadísticas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Guatemala es el país con más desnutrición en América Latina y el Caribe. A nivel mundial, es el quinto, en donde el 43.4% de niños menores de 5 años presentan desnutrición crónica. Esto provoca menor retención escolar, la pérdida del coeficiente intelectual, deficiencias en la productividad y efectos irreversibles a lo largo de su vida. Por esta razón, en un país en donde se estima que 657.233 niños y niñas no asisten a la escuela, es necesario invertir en la alimentación desde la concepción del niño, ya que de lo contrario no podrá tener un buen desarrollo cognitivo.

Cuidados desde la concepción

Los cuidados alimenticios para el niño comienzan desde que se encuentra en el vientre de la madre, por lo que ella debe comer una dieta balanceada y rica en frutas y vegetales para garantizarle una buena nutrición al pequeño. Aprendizaje lento, ausencias, desconcentración, dificultades y bajo rendimiento en el centro escolar, son algunas de las consecuencias que trae consigo una mala alimentación, según comenta la psicopedagoga Trinidad Castillo.

“Al niño se le debe cuidar desde la procreación, son los mil primeros días los que más impactan, de lo contrario es irreversible el daño en su organismo y en su rendimiento académico” afirma Castillo. Asimismo, indica que en caso que los cuidados no se hayan dado desde el primero momento, toda intervención en los primero 3 años del menor es correcta y lo ayudará en su desarrollo.

Alimentación deficiente

La pobreza no es el único factor por el cual los niños guatemaltecos tengan una mala alimentación, sino que influye el estilo de vida de cada familia y la enseñanza que los padres tengan acerca de la importancia de la correcta nutrición. Muchos estudiantes salen de su casa sin desayunar, en el caso de la jornada matutina, y sin almorzar, lo cual ocurre con las jornadas vespertinas. Según Evelyn Belloso, directora de la escuela Fe y Alegría, los estudiantes que se han visto más afectados son los de la jornada de la tarde, ya que muchos de ellos trabajan en la mañana y no les da tiempo de preparar su almuerzo, por lo que llegan sin energía. En la mayoría de los grados de esta escuela, el 50% de los alumnos tienen desnutrición y han comprobado que este factor afecta el rendimiento de los alumnos.

Ahora bien, la nutricionista Claudia Enríquez, afirma que los estudiantes necesitan los nutrientes energéticos de la pirámide alimenticia, como las proteínas, minerales, frutas y verduras en una dieta balanceada. De esta manera, los niños se podrán desarrollar de forma correcta y tendrán energía para la jornada educativa. Por esta razón, recomiendan que el niño adquiera el hábito de desayunar aunque sea a una hora muy temprana, ya que en la mayoría de los casos no lo hacen. “Los padres deben educar a sus hijos para que no dejen de comer.”, asegura.

Estrategias del MINEDUC

En 1996 inician las escuelas saludables como proyecto del Ministerio de Educación con el apoyo del Ministerio de Salud Pública. El plan consiste en cambiar la alimentación de las escuelas y para ello se invierte en la ciudad Q1.58 y en las áreas rurales Q1.11 –en Latinoamérica es el presupuesto más bajo- para las refacciones. La directora Belloso comenta que “éstas consisten en un vaso de atol y una galleta”.

Otra de las iniciativas es que en las tiendas escolares se vendan productos saludables, para que los estudiantes obtengan los nutrientes y la energía necesaria para rendir en la jornada académica. Además, se propone ofrecer charlas a los padres de familia para que trabajen en conjunto con la escuela y envíen comida nutritiva y no golosinas, sin embargo el cambio solo se ve por algunos días, indicó Belloso. Ahora bien, según la psicopedagoga Castillo, “esa propuesta es clave”.

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© 2015 Ruby García-Rosa

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